La carrera de Rada es extensa y variada, hizo de todo. Protagonizó el nacimiento del rock en Uruguay durante la década del 60 como el quinto Shaker, y más tarde formó parte de tres grupos fundamentales de la MPU: Opa, Tótem y El Kinto, junto al mítico Eduardo Mateo. Se bañó con sus compañeras de elenco en la ópera-rock “Hair” en los ’70; vivió más de 15 años fuera de su país (Suiza y México). A su regreso al Uruguay en los 90’s, se reinventó como músico y animador, e hizo cine, televisión, radio y música para chicos.
Rada es todo un personaje. A los sesenta y cuatro años, parece cargar sin problemas con todo lo que, a través de su carrera, lo ha transformado en eso que él mismo llama “El Misterio Rada”. “Ese misterio es que nunca se sabe lo que yo hago. Porque hice y hago de todo. Por eso yo digo: no lo busquen a Rada, porque no lo van a encontrar. Soy un tipo que vive en un país colonizado, que escuchó a Joao Gilberto, Sinatra, Nat King Cole, Los Plateros, Astor Piazzolla, D’Arienzo, Los Beatles, Carlos Gardel, Charly García, el Club del Clan. Escuché todo y tengo toda esa música metida adentro. Arranqué cantando canciones de todo el mundo hasta que empecé a hacer mi música, pero soy un buen colonizado y soy un tipo de fusión. Si se busca en mí algo auténtico, éso es el candombe, cuando lo toco realmente. Pero después, no. No me quejo de eso, soy así. Ojalá pudiera tener un estilo, que todo el mundo supiera qué soy, como B. B. King, que es un blusero. Pero no soy un candombero tampoco. Soy un personaje raro, lo sé, y me divierto”.
Para que bailen los negros del cuadro.
“Mirando el cuadro que me regaló hace 20 años un gran amigo, se me ocurrió este disco. Todos los días lo miraba en mi casa e iba componiendo canciones para que bailen los negros del cuadro…”, Rada se refiere a la obra del artista plástico afro uruguayo Oroxman Echeverry, que ilustra el arte de Bailongo. Rada es un artista versátil como cantante y compositor. En este trabajo aborda con desparpajo distintos géneros y estilos sin descuidar la calidad artística. Las piruetas vocales, los chistes y los homenajes están presentes, remarcando sus señas particulares.
Bailongo, una fiesta.
Queda claro desde el comienzo que Bailongo es una fiesta, y Rada nos invita a su fiesta. El primer tema es “Brindo” y tiene destino de hit radial (“ojalá que el tiempo ayude pa’ olvidar…”). “Bailando inglés básico” es un candombe-funky, “una canción que suena como si hubiera juntado en el mismo estudio a los Kool & The Gang y a la Miami Sound Machine de Gloria Estefan. (Sebastián Auyanet, Diario El País, Uruguay). La murga “El Uruguay es una taza de oro” fue el corte de difusión obligado en su país. Una descripción de los íconos charrúas donde conviven Benedetti, Galeano y Onetti, el carnaval, el río ancho como mar, etc. (“que aunque en el mapa este chico, es lo más grande que hay…”). “Fiesta en el río”, con ritmo de salsa será el corte de difusión en Argentina, una canción de amor con peces de mil colores. Gózalo, báilalo, y siente cómo se adueña de todo tu cuerpo el río.
Como en toda fiesta, en la estridencia de tanto baile, se imponía una pausa, un tema para sentarnos a escuchar. Rada echó mano a una perla de Fernando Cabrera, “Te abracé en la noche”, único tema del disco que no le pertenece.
Inmediatamente, propone “No está escrito”, fusión de carnavalito con zamba argentinos (“Como te he de querer no está escrito, esta forma de amar no es normal…”). “Joya y Spencer” es un candombe ecua-peruano de autoría compartida con Andrés Arnicho, quien se encargó además de la producción artística y la dirección musical de Bailongo. Homenajea a dos grandes jugadores que actuaban en Peñarol, Juan Joya y Alberto Spencer (“fue fácil para los dos, el juego de la pelota, uno levantaba el centro, otro ponía las motas…”).
“El incendio” es un hermoso bolero (para bailar también). Rada se incendia de amor, y con su tradicional falsete agudísimo declara que “es algo tan brutal, algo tan genial… mi vida no me enciendas más”. “La escuela del cha cha chá” es una digna sucesora de “Cha Cha Muchacha”, y en medio del torbellino rítmico del tema, deja caer la fabulosa síntesis existencial: Para querer hay que poner el alma, para entender hay que lograr la calma, para bailar hay que ponerle ganas.
Para cerrar, sublime versión gospel de “Te abrace en la noche”, sólo con piano y las voces de Rada. Silencio para escucharlo.
Fin del Bailongo.
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